Capítulo 2 Novela Amorosa

A pesar de todos los golpes que recibes sigues entera y con los brazos abiertos.

 

–           ¿Queralt?

Queralt se hallaba encerrada en su cuarto. Su rostro estaba ahogado en una almohada blanca y no muy larga. Lloraba desconsoladamente, con sollozos sonoros y con muchos mocos en la nariz. Sus puños, bien cerrados, golpeaban una y otra vez la cama, con signos claros de frustración e impotencia. Llevaba ropa de fiesta, aunque la blusa azul oscuro que se había puesto estaba más que arrugada.

–           Déjame entrar, cariño.

Su madre estaba de pie frente a la puerta del cuarto de Queralt. Su oreja estaba bien pegada a la madera, presta a no perderse detalle de lo que acaecía en su interior. Era una mujer alta y con el cuerpo bien conservado para su edad. Su pelo, rubio, caía en ondulaciones y abundancia hasta sus hombros.

Al final Queralt dejó que su madre entrase. Cuando ésta apareció, ella, muerta de vergüenza, se ovilló y se encaró a la pared.

–           Cariño, ¿qué ha pasado? – inquirió al mismo tiempo que se sentaba cuidadosamente en la cama -. ¿Has visto qué hora es? Son casi las cinco y media de la mañana. ¿Te ha pasado algo?

Ella pasó la mano por el pelo de su hija, negro y liso, que caía más allá de los hombros. Queralt gimió y se quejó, ovillándose aún más. Conociéndola de sobra, dejó que se quejase sin soltar su mano, el cual se puso a masajear el pelo de su hija. Con el paso del tiempo eso pareció tranquilizar a la joven, que paró de llorar. Sus mocos se habían multiplicado.

–           Carles es un cabrón malnacido.

–           ¿Llorando por un chico otra vez? – preguntó con algo de sorna, como muchas madres hacen con sus hijas después de tantos años de confianza -. La semana pasada me dijiste que los chicos podían irse a la porra.

–           ¡Pero eso fue la semana pasada!

–           Oh, vaya, y en una semana tu vida ha cambiado tu visión de las cosas.

–           ¡Pues sí! Tú misma dices siempre que  el Amor puede aparecer en cualquier momento y en cualquier sitio.

Ahí tuvo que callarse. Reflexionó.

–           Cierto. Aún así, no creo que una semana te haya dado tanto como para llorar así. Y además saliendo de fiesta.

–           ¡Los tiempos han cambiado! En tus tiempos no pasaría pero ahora pasa mucho.

<<Todo va muy rápido ahora>>, pensó, pero se reservó ese pensamiento para sí.

–           Bueno, cariño, ven, abrázame. – A Queralt le dio cierta vergüenza voltearse y encarar su rostro demacrado y lloroso ante su madre. Sí, había llorado delante de ella en multitud de ocasiones, pero cuando uno se hacía adulto la cosa cambiaba -. Ya con más tranquilidad mañana me lo cuentas.

Se abrazaron. El tacto de Queralt fue suave y tierno, como quien ha batallado en una guerra cruel y férrea y apenas conserva fuerzas en su cuerpo. Lloró un poco en el hombro de su madre. Ésta cerró los ojos mientras pasaba su mano por la espalda.

–           Va, descansa, cariño. – Presto, le plantó un beso la mejilla.

Acto seguido cerró la puerta y la luz tras de sí.

En la oscuridad Queralt prosiguió su llanto, esta vez con voz queda, conteniendo mucho dolor. Su cuerpo tenía forma de erizo protegiéndose. No paró de llorar hasta que la garganta dijo basta. Muy reseca, fue a beber agua. No se molestó en encender las luces: si se daba con algo, se lo merecía, por tonta. Su cuerpo casi flotaba, fruto de las pocas ganas de vivir que de repente la habían acometido. Al regresar  a su cuarto, constató que había recibido un whatssap. Su querídisima amiga, Judit, la mejor de todas las que tenía pero también la más cabr…

Judit dice: “¿Sigues despierta?”

<<Claro que sigo despierta, tonta>>, se dijo, pero luego se acordó de que había eliminado esa opción de “Última vez en línea”.

Queralt dice: “Sí”

Judit dice: “No me digas k aún sigues llorando?”

Queralt dice: “Nah. Aora ya me iba a acostar”

Judit dice: “Ls hombres son unos cabronazos. Ríete dellos”

Queralt dice: “Ya…”

Judit dice: “Fijate tu cuanto hacía k hablavais?”

Queralt dice: “Suda, Judit”

Judit dice: “Solo saben vender putas palabras”

“Duerme tranquila”

Queralt dice: “Sí. Bona nit :)”

Judit dice: “Nanit <3”

Pese a que sus pies estaban muy cansados, al igual que sus gemelos, no logró dormirse hasta transcurrido largo rato. Y cuando se durmió, Carles se le apareció en sus sueños. Y en sus sueños actuó de forma más cruel de lo que había hecho en la cena y en la disco.

No le reventaba cosa más fea que vender palabras y luego pasar olímpicamente en persona. A uno le incita a perder la fe en el Amor.

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Acerca de cristiaserrano

Escritor de 28 años residente en Terrassa (Barcelona). Actualmente trabajando como profesor de idiomas. He publicado una novela, "No Me Olvides", una novela romántica sobre la juventud y todo lo que le rodea.
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